Todos hemos experimentado en algún momento el sentimiento de soledad. El ser humano es social por naturaleza, con lo cual necesita el contacto y la relación con otras personas.

Las relaciones interpersonales nos aportan seguridad y bienestar. Cuando por una razón u otra comenzamos a aislarnos, la soledad puede acabar pasándonos factura.

El sentimiento de soledad es una experiencia desagradable causada, en muchos casos, por escasa red de apoyo social, o de relaciones superficiales e insatisfactorias. Es un sentimiento bastante frecuente en la sociedad actual.

La soledad puede afectar a cualquier persona jóvenes y adultos y en cualquier momento de la vida .

Es frecuente que las personas mayores, las que se están separando, divorciando o las que han sufrido la muerte de un ser querido e incluso los jóvenes tengan problemas con la soledad.

El sentimiento de soledad no está necesariamente unido a la falta de contacto humano. Se puede tener compañía, pareja, familia y amigos, y sentirse solos.

Al mismo tiempo, la soledad física, de alguien que ha elegido estar solo y reducir sus contactos sociales al mínimo, no tiene por qué comportar soledad emocional.

La soledad emocional es un estado mental que puede surgir en soledad física o en compañía, y que se construye basada en sentimientos relacionados con la incomprensión, la falta de apego con otras personas, la tristeza, la inseguridad, sensación de vacío…

Pautas para combatir la soledad emocional:

Conseguir llenar ese vacío y superar esa sensación de aislamiento es un proceso laborioso. Algunas pautas que pueden ayudar:

  • En primer lugar, identificar esa emoción, reconocerla para actuar sobre ella y convertirla en algo positivo.
  • En segundo lugar, debes interpretarla y reflexionar sobre ella.
  • Establecer un nuevo enfoque mental para afrontar el problema, superar tus miedos, tomar nuevas decisiones y hacer cambios, con una actitud proactiva con un mínimo de iniciativa para salir del bache.
  • Necesitas encontrar un propósito de vida, darle sentido a tu día a día.
  • Aprende a disfrutar contigo mismo, de tu propia compañía.
  • Fortalece tu autoestima. Evita mandarte mensajes negativos.
  • Una mascota, una comida casera, un libro, escuchar música que nos gusta, ver un programa, o incluso simplemente pasear al aire libre. Podemos encontrar consuelo en muchas cosas que alivian el dolor de la soledad. Es cuestión de experimentar y encontrar lo que nos ayude más.
  • Apóyate en alguien allegado que puedas contar, realiza alguna actividad de voluntariado como ayudar a alguien mayor, como un vecino mayor, así no pensarás tanto en ti, estimula tu actividad social para encontrar personas con intereses afines, realizando alguna actividad grupal que te guste, ahí puedes encontrar a alguien a fin a ti. Se tiene que encontrar algo para ocupar y llenar nuestro tiempo. Pero algo que nos haga disfrutar y también crecer. Se trata de buscar algo que atraiga y “enganche Realizar actividades que gustan”.
  • Hacer ejercicio es beneficioso para tu salud emocional. Una dieta saludable, un ritmo regular de sueño, etc.
  • Seguir una rutina de horarios en tu día a día y procurar cumplirla.
  • Visualizar dónde nos gustaría estar, una reunión divertida, y, por un momento, sentirnos felices por los que estén ahí.
  • Tratar a la soledad como a un viejo amigo que ha venido a visitar por un tiempo. Ocupémonos de la soledad como si fuera un viejo amigo. Cuando dejamos que las emociones dolorosas entren en nuestro corazón con compasión, las desarmamos y les quitamos el aguijón. Esto alivia el dolor.
  • Si logramos ser pacientes con la soledad, quizá mañana sintamos un poco de alivio. Entonces, al día siguiente, probablemente nos hayamos aliviado aún más. Todas las emociones son temporales. Surgen y pasan.
  • La Práctica de atención plena como la meditación, puede ir bien para el sentimiento de soledad. Prestar atención a los pensamientos, sentimientos y sensaciones que estamos experimentando en el momento presente. La aceptación implica acoger estas experiencias con una actitud de no juzgar, apertura y receptividad. Es decir, la aceptación implica la voluntad de permanecer presentes con nuestras experiencias sin tratar de cambiarlas.

Si el sentimiento de soledad te afecta mucho que por ti mismo/a no puedes calmar es conveniente recurrir a la ayuda de un profesional de la salud mental.

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